¿Quién es el fascista?

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
En 1919 un ex-dirigente socialista truculento y patético, que había llegado a lo más alto de la estructura del partido y editado el diarioAvanti, su órgano oficial, quiso capitalizar la desazón y el descontento originados por la pobreza que asolaba la Italia de la primera posguerra mundial, y fundó un partido en Milán: el Fasci Italiani di Combattimento. Su nombre era Benito Mussolini.
En 1921 lo transforma en el Partido Nacional Fascista y se hace llamarIl Duce (el guía, el líder). Tenía la potestad de nombrar al Secretario General y a todos los cargos inferiores. Cuando alcanza el poder, tras la marcha hasta Roma al frente de sus 40.000 camisas negras, su partido se conforma como un estado dentro del estado: organiza su propia milicia, instituye sus grupos de choque (Principi), controla los medios y los convierte en propagandistas de un solo discurso, el suyo, dirige la policía política (OVRA, Organización de vigilancia y represión del antifascismo) y llena las cárceles de prisioneros políticos. Su dinámica se centra en no pretender convencer al contrario sino en eliminarlo. 
En no apelar a la razón para lanzar sus consignas, sino a la emoción. En utilizar la “mística”, la fe irracional, la propaganda y la demagogia más ramplona, para manipular a la masa.

fuente: Enterate Caracas.
A través de sus grupos armados, arrebata la vida a millares de opositores sin que la policía intervenga ni los órganos de la justicia investiguen. La persecución contra la prensa independiente es implacable, encarcelando periodistas disidentes. La política económica se hace cada vez más intervencionista. La corrupción se vuelve exponencial.
Los fracasos militares del Duce en Yugoslavia, Grecia y norte de África durante la II Guerra Mundial anuncian su fin. Mussolini trata de huir, pero es capturado, juzgado y ejecutado en abril del ’45.  Su desaparición no acaba con el fascismo; la implementación de sus métodos persiste en muchos regímenes dictatoriales o autoritarios de derecha e izquierda en América Latina. Dijo el inefable Lenin a una delegación de socialistas italianos en el Moscú de 1922: “Qué desperdicio que hayamos perdido a Mussolini. Él es un hombre de primera clase que hubiera llevado a nuestro partido al poder en Italia”.
















Comentarios