La nueva cartilla de racionamiento Bautizan "papachip"

«Papa» significa comida y «chip» hace referencia al dispositivo electrónico. El proyecto estará monotorizado por la compañía de telefonía estatal Cantv.
Entre los productos que serán controlados figuran arroz, pasta, pollo, leguminosas, harinas, aceite, leche, pasta de dientes, jabón, papel higiénico y pañales.
La venta de papel se limita a doce rollos por persona, mientras que otros productos como pasta de dientes lo suelen limitar a dos tubos o el café a dos paquetes.
Cuesta entenderlo. Son, según las cifras es el país del mundo con mayores reservas de crudo -por delante de Arabia Saudí- y el sexto que más petróleo exporta del planeta y en sus gasolineras escasea el carburante.

Si fuera sólo la gasolina, el asunto podría atribuirse a la falta de refinerías o a un desajuste circunstancial, pero en el paraíso bolivariano -ese que elogian desde aquí algunos despistados a los que la retorica antiyanky obnubila el cerebro-, los venezolanos se las ven y se las desean para encontrar alimentos básicos o un rollo del humilde papel de váter. No tienen vino ni para que los curas digan misa.

Lo que sobra en el pàis es el sentido del humor y con esa coña tan genial que tiene el pueblo venezolano, la sufrida ciudadanía ha bautizado la cartilla de racionamiento, al más puro estilo cubano, que les acaba de endiñar el señor Nicolás Maduro, el Presidente que decidió el CNE, no los venezolanos como la 'Papachip'.

'Papa' significa comida y 'chip' hace referencia al dispositivo electrónico que lleva integrado y que permitirá a la  compañía de telefonía estatal Cantv monitorizar lo que consuma cada familia.
La cartilla  comenzará a aplicarse el próximo lunes 10 de junio de 2013 en el estado de Zulia a veinte productos, tales como la leche, el pollo, los huevos y el papel higiénico.

Este despelote no es casualidad, sino una consecuencia de la funesta decisión de Chávez de nacionalizar todo lo que se le cruzaba. Maduro controla en la actualidad la industria eléctrica, la petrolera, la cementera, cadenas de supermercados y millones de hectáreas de tierras de cultivo.

Y gestiona todo eso con los pies, aplicando un rígido control de precios a la cesta de la compra -para mantener calmados a sus partidarios-, falseando datos y alimentando el enchufismo.

El gobierno ha decidido que cada dólar vale 6,30 bolívares, indiferente a la inflación o las leyes del mercado.

A la hora de la verdad, en Venezuela resulta más barato importar que producir. Y como no se produce casi nada, los sufridos compañeros chavistas van a tener que limpiarse con la mano.

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