La violencia de Nicolás Maduro Moros.

Es difícil, por tragicómico, explicar la situación actual de Venezuela.  A la escasez que hay, que ha llevado al Gobierno a marcar en el brazo, como si de animales se tratara, a las personas que hacen cola para comprar harina de maíz precocida (así se garantiza que se ha adquirido la porción estipulada), necesaria para degustar nuestro alimento más popular y folclórico, la arepa, se le ha juntado la soberbia de la ignorancia de nuestro nuevo presidente, Nicolás Maduro, que ilegítimo o no es el que detenta el poder junto a nuestra crema y nata burocrática (los enchufados): Diosdado, Jaua y Ramírez.

Ahora a Maduro, erudito en fascismo y nazismo, que no hace sino hablar de la oposición ultraderechista (son sus palabras), se le ha ocurrido la genial idea, imbuido por sus múltiples lecturas, de decirle a los medios que no va a permitir ningún tipo de programa televisivo que tenga "violencia,
drogas, prostitución y culto a las armas".

En cuanto al culto a las armas, no creemos que Maduro vaya a suspender los muchos desfiles militares que, en cadena, nos obligan a todos a observar, haciendo apología de la guerra, de cualquier guerra, sobre todo de nuestra guerra de Independencia, que fue librada, cómo no recordarlo, por un grupo de patriotas semidioses, al mando del único hombre capaz de hacerle sombra a Chávez: Simón Bolívar. Me imagino que en esta prohibición del culto a las armas entrará también la prohibición de celebrar el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, en el cual Chávez dejó constancia de su valor y valentía refugiándose como todo un león de la sabana en el ahora llamado Cuartel de la Montaña, donde reposan sus restos. Esta intrépida hazaña del 4 de febrero le valió el muy envidioso calificativo, por parte del historiador e intelectual Manuel Caballero, de "el Héroe del Museo Militar", por haber manifestado nuestro gran héroe de Sabaneta todo su carácter brioso, corajudo y valiente ocultándose en ese recinto, que servía de culto a las armas por ser también un museo militar, mientras los demás luchaban y tomaban exitosamente, en el resto del país, sus respectivas plazas.
Respecto a la prostitución, nos imaginamos que Maduro prohibirá que se retransmitan películas como Mujer Bonita o Taxi Driver, de Scorsese, o cualquier cosa que se refiera al tema. Pero creemos, para que la medida sea eficaz, que también debería prohibir toda programación en la cual aparezcan hombres, ya que como dijo Sor Juana Inés de la Cruz: ¿...cuál es más de culpar... la que peca por la paga, o el que paga por pecar? Y como mucho hombre hay lascivo, sin hacerse notar, pues yo aconsejo que se desconfíe de todos; porque no todos tienen la estatura moral de Maduro (y miren que Maduro es muy alto. Dije alto, no grande), y sus convicciones democráticas.

En cuanto al espinoso asunto de las drogas, como Maduro no especificó cuáles, recomiendo a no colocar videos de Joaquín Sabina, que fuma mucho (aquí que se haga una excepción con Chávez, claro está, que bastante que fumaba, según cuentan), y prohibir tres películas que han descarriado a toda una generación de jóvenes y adultos, hablo de las muy corrompidas y viciosas: La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick; Trainsporting, de Danny Boyle; y Réquiem por un Sueño, de Darren Aronofsky.
Y en cuanto a la violencia, querido Maduro, solo te voy a recomendar que elimines un programa y una serie trillada y harto conocida (aparte de Tom y Jerry, y Mazinger Z para los malandros y asesinos viejos, las películas todas de Tarantino, Kitano, Clemente de la Cerda, Jackie Chan, Román Chalbaud, Bruce Lee,  y todas y cada una de las series o películas de terror, horror, miedo o lo que se parezca), con eso pararás buena parte de la violencia en este país. El programa se llama La Hojilla, cuyo moderador, Mario Silva, hace caso omiso de aquello que dijera Uslar Pietri: la palabrota que ensucia la boca termina por ensuciar al espíritu. Y la serie trillada y harto conocida es la de sus cadenas de radio y televisión, que a tanta gente ofende y agrede (la mitad de la población), al calificarla de fascista por adversarle; y todo esto sin ángel, sin santo y sin el carisma de su jefazo ya difunto, para peor violencia.

fuente: EL UNIVERSAL.