Henrique Capriles y el otro

Publicado: http://www.analitica.com/Alexander Cambero, Jueves, 1 de marzo de 2012

Afortunadamente los venezolanos comienzan a despertar del sueño profundo que indujo el farsante.

Los últimos acontecimientos han terminado de mostrarle al país lo conveniente de transitar un nuevo camino. El tsunami electoral que representa Henrique Capriles Radonski, terminó por darnos un escenario distinto. Con su palmarés de gerente exitoso brindó la posibilidad de tener una opción válida frente al grosero pulsar de un régimen putrefacto, lo hizo sin recurrir al agravio como oferta electoral; no necesitó del escarnio público como mecanismo para granjearse el fervor de la mayoría. Su elección es una posibilidad real de salvarnos de la pretensión totalitaria de vernos convertidos en mequetrefes que recitan versos de sangre y mentira.

Afortunadamente los venezolanos comienzan a despertar del sueño profundo que indujo el farsante. El fraude cautivante que hipnotizaba en la voz difusa del incoherente Hugo Chávez, dejó de ser el hilo conductor de la vida nacional para convertirse en esperpento. Solo los mantenidos por el régimen, y uno que otro romántico revolucionario, persiguen la senda del chafarote. Ante la inminente derrota desata los demonios de su alma atormentada por la crueldad, arremete contra Henrique Capriles de una forma asquerosa. Un lenguaje de prostíbulo para tratar de impedir su triste final político. Sus secuaces imitan a su mentor utilizando los peores epítetos posibles y que desnudan las miserias espirituales de semejantes personajes.
En el escenario nacional se muestra un liderazgo diferente. Henrique Capriles Radonski exhibe su propuesta de futuro sin engreimiento ni pretensiones de perpetuarse en el poder. Es un hombre sencillo de trato afable que no necesita de maniqueísmos para lograr el éxito. Habla con los hechos y no con palabras que se las lleva el viento. Quizás uno de sus mejores rasgos es la humildad con la cual se conduce. Lo vimos recorrer las playas mirandinas en los días del asueto carnavalesco. Con una bermuda negra y una franela verde se fue confundiendo con los turistas quienes lo saludaban con gran emoción y agrado. Nada de numerosos escoltas, tampoco la invasión de equipos móviles y helicópteros con satélites conectados a alguna sala situacional. Allí un hombre sencillo con un cúmulo de sueños por cumplir se mezclaba con ciudadanos que buscan tener esperanza. Pudieron acercarse a él sin mayores trabas, quien maneja el autobús del progreso posee condiciones inigualables para esquivar las contingencias que se presenten en la vía.

Al otro lo mata la frustración. Su discurso tiene el desgaste biológico de los años acumulados. Son trece años ofreciendo las mismas cosas que jamás llegaron a concretarse. Perdió la pegada y su habilidad para colocar buenos golpes. Es el lerdo Larry Holmes tratando de encontrar al hábil oponente en el cuadrilátero, sus movimientos son torpes y calculados. Más de un asistente al evento asegura que sus mejores tiempos se han esfumado. Quien trata de pulverizar al futuro es un fofo pugilista de épocas lejanas.

Ya no es el centro de la atención de los venezolanos, los ciudadanos han optado por un liderazgo basado en el equilibrio y el respeto. Forjando una administración austera que ponga énfasis en el aspecto social de una manera integral. No es la dádiva miserable que compra conciencias, es utilizar la palanca del petróleo para impulsar una economía sana que pueda coadyuvar en el crecimiento de la nación.

Hugo Chávez inicia su eclipse político tratando de enlodarlo todo. Quiere que Henrique Capriles se sumerja en su charca repugnante, es el juego de los mediocres cuando saben que existen oportunidades superiores. Llegó la hora de cobrar en las urnas tanta corruptela. En los rostros de quienes lo rodean se observa el miedo que los atemoriza.

En las manos de Henrique Capriles estará Venezuela, millones de ciudadanos creemos que tenemos una gran oportunidad de transformar a la república. No hay tiempo para vacilaciones. Hagamos que la emoción que sentimos en las calles se materialice en realidad. Ese liderazgo fresco e integrador nos hará infinitamente felices.

fuente: analitica.com

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