Guión para la Gran Telenovela Venezolana

Publicado: http://www.analitica.com/, Gustavo Coronel. Miércoles, 29 de febrero de 2012
Trilobite: antecesor de la cucaracha. Símbolo de la telenovela.

Esta es la historia de un humilde mulato venezolano, del llano no tan adentro, quien de niño vende dulces en las calles, no lo dejan entrar a la escuela en su primer día de clases porque no tiene alpargatas nuevas, se siente excluido por la Venezuela de clase media, no lo dejan entrar a una fiesta de “ricos” en su pueblo natal e ingresa a la Escuela Militar, decidido a vengarse del mundo de los oligarcas, clase que él define como la de todos quienes tienen más educación y nivel de vida que él.

La democracia venezolana le ofrece una educación castrense y sale graduado de Sub-Teniente, pero su corazón está lleno de deseos de revancha. Ya de cadete y, luego, de Sub-Teniente conspira activamente para derrocar el gobierno. Busca o es encontrado por los extremistas venezolanos, unos idealistas, otros parásitos sociales, algunos Marxistas en plan de reclutamiento ideológico. Uno de estos es su hermano mayor.

Su vida militar y conspirativa coincide con el ocaso de la democracia adecopeyana, la cual tuvo su mejor momento con Betancourt, Leoni y Caldera I, pero comenzó a declinar con CAP y su desatinado y dañino sueño de una “Gran Venezuela” y se vino abajo con Lusinchi. Conoce mujeres, hasta se casa una y otra vez pero pronto descubre que su verdadero amor no tiene forma de mujer, es el poder. Y no el poder como herramienta de transformación. Esto es la excusa. Es el poder por el poder mismo. Trata de apoderarse del poder por la fuerza y es derrotado. La necesidad de un cambio radical sentida por el pueblo a fines del siglo XX lo lleva al poder por la vía democrática. Pero esa no era su vía preferida. Un vez en el poder usa herramientas democráticas, el dinero petrolero y grupos moralmente invertebrados de nuestra sociedad para destruir la democracia, asesorado por el barbudo, en una operación política de gran astucia disfrazada de reivindicación de los pobres.

Con los bolsillos llenos de dólares petroleros se embarca en la gran misión de destruir al imperio que representa, para él, el peor enemigo. En esa misión utiliza gran parte de la hacienda pública. Compra amigos y aliados en la región, compra como nuevas armas de segunda mano y se convierte en miembro importante de un círculo de estados forajidos, algunos muy lejanos, cuyos líderes se parecen a él. Por algunos años adquiere una notoriedad internacional mayor a la de su ídolo y tutor cubano, pero la misma dinámica que ha utilizado, esa masiva y pródiga distribución de dinero petrolero, lo va llevando al endeudamiento progresivo. Y de pitcher pasa a catcher, de dadivoso pasa a ser dependiente del dinero ajeno, en este caso Chino. Pero los Chinos no creen en el altruismo. Para ellos “si no hay lopa no hay lial”. Y la “lopa” es petróleo. A través de la creciente necesidad de dinero del líder, China hunde sus garras en la nación. Junto con Cuba, quien ejerce sobre el líder un tutelaje basado en la adoración que siente por el barbudo, China captura porciones de la soberanía del país en base al dinero que le afloja.

Un pueblo paciente y resignado contempla por catorce años este proceso de destrucción nacional, muchos con terror o indignación silenciosa y muchos otros con alborozo, ya que desean terminar con los oligarcas, aún cuando ello signifique su propia ruina. Ocurren algunas dignas manifestaciones masivas de protesta popular como las de Abril 2002, las cuales ponen en evidencia la debilidad del líder. Las posturas heroicas y de sacrificio individual, como las de Frankyn Brito, se pueden contar con los dedos de una mano pero sirven para mantener prendida la llama de la resistencia.

Esa resistencia sorda, persistente, sub-epidérmica, de quien acata pero no cumple, va cansando al líder. No lo hace retroceder pero le impide avanzar. Su régimen llega a un estancamiento y hasta a un marcado deterioro interno que lo obliga a olvidarse de ser amo del mundo para dedicarse, más modestamente, a sobrevivir en el plano doméstico. La realidad moldea y reduce sus aspiraciones para llevarlo a aceptar a regañadientes que apenas será otro caudillo más, como los muchos que han pasado por la escena latinoamericana, la mayoría ya relegada a las páginas oscuras de la historia.

Cuando llega a ese convencimiento íntimo su suerte está echada. La enfermedad es la salida. Porque las más grandes aflicciones son psicosomáticas, pertenecen al campo de la mente tanto como al corporal. La enfermedad es la salida honorable a lo que se avizora como fracaso. Que no se diga que quiso y no pudo. Que se diga que quiso, que pudo pero que el destino le jugó una mala pasada. Solo así pasará a la historia. Porque solo se pasa a la historia como ganador o como mártir, nunca como perdedor.
fuente: analítica.com

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