¿Vivimos en dictadura?


PRENSA SKIEL   
El concepto de dictadura adquiere sus propiedades: un régimen contrario a la democracia y la representación, y equivalente a lo que por veinte siglos se llamó tiranía. Este es el concepto contemporáneo de dictadura, tan gravoso que los países comunistas prefirieron llamarse "democracias populares". Antes había sido homólogo de "estado de emergencia", la suspensión de garantías, una figura constitucional y provisional que establecían las leyes para enfrentar las crisis. En el mundo antiguo la dictadura era una delegación constitucional que realizaba el Senado, mientras la tiranía era una usurpación y Julio César muere bajo acusaciones de tirano y no de dictador. Marx habla de dictadura muy incidentalmente -"dictadura del proletariado"- también como provisional, ya que su papel era destruir el Estado.

Si bien en el horizonte histórico reconocemos dictaduras, hay también totalitarismos. El problema es que la teoría del totalitarismo engulló la teoría de la dictadura tradicional, con base en la enorme trascendencia del stalinismo, el nazismo, el maoísmo y el fidelismo, y porque las dictaduras más importantes del siglo XX fueron las totalitarias que pusieron en jaque la civilización. Las tradicionales se valen específicamente de los mecanismos normales del 

Estado para ejercer la dominación, mientras las totalitarias fuerzan la participación de masas y apuntan al control de todos los elementos de comunicación, información, educación y vida familiar. Mientras las tradicionales promueven la quietud y la apatía, obligan a los seres humanos a refugiarse en la privacidad y evitar la vida pública, las segundas los obligan a trabajar en su enajenación, eliminan la intimidad personal y fuerzan a los individuos a ser adoradores activos del caudillo. 

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