HEIL HUGO.

AVENTURAS DE HUGO


No aguantó más: ya asoma sus pezuñas el monstruo fascista escondido en los pliegues de la revolución bonita. Bastaron la derrota del 26S al hilo y la clara percepción que el carro de la historia lo dejó varado en la Estación Fracaso, para que tirara todas las caretas humanistas y dejara ver su más profunda verdad: Hugo fue, es y será un fascista hasta que la historia termine por enterrarlo en el basurero de la historia.
Lo fue cuando acunó los sueños golpistas en la academia militar; lo fue cuando ordenó asesinar a modestos soldados y ciudadanos que se le cruzaron en el camino en aquellos aciagos días de febrero y noviembre de 1992; lo fue cuando ocultó sus garras disfrazado de demócrata ejemplar.
Mientras contó con la suerte del destino y el carnaval del petróleo, pudo escudarse en su constitución. Eran otros tiempos. Y esos tiempos terminaron. Se agotó el demócrata. Ahora, cuando la historia le da la espalda y todo le señala la puerta de salida, muestra la inmundicia y la maldad que guarda en su corazón. Y pretende darle el palo a la lámpara para entronizarse dictatorialmente en el Poder. Para lograrlo, ordena gasificar al estudiantado. Ya tiene un muerto más a su haber. Él fue quien ordenó asesinar al estudiante de la UDO, gasificado por su guardia pretoriana. Él, quien armó a las tropas de choque de Lina Ron para que asaltaron a la Prefectura de la Alcaldía Metropolitana y a Globovisión. Él quien ordenó entregarle armamento de guerra y bombas lacrimógenas a los SS de la Piedrita. Él quien mueve a los títeres rojos rojitos que hacen vida en los escondrijos del extremismo universitario y asaltan asambleas estudiantiles para impedir el debate y el diálogo.
Basta de tratarlo como a un demócrata - ¡qué insólita ceguera! del pueblo venezolano - no le quita un ápice del militar fascista que siempre fue. Que todas las naciones de la región, con la honrosa excepción de los Estados Unidos y el Canadá, miren de soslayo y practiquen la misma política de apaciguamiento que practicaran las potencias europeas frente a la prepotencia de Adolfo Hitler, no lo hace menos abominable. Es una cría de Fidel, un remedo de Perón pero sobre todo un lejano epígono de Hitler y de Mussolini. Basura nazi-fascista.
Pero se equivocan quienes le temen: esos desmanes son los estertores de un régimen que boquea y comienza a entrar en la agonía. Para imponer su delirio y su miedo busca por medio de Leyes censurar la verdad de un pueblo que ya no le cree sus mentiras, Hugo fascista perdió el tren de la historia. Sus gritos y obscenidades son reclamos de paralítico. Le espera el abismo, el Tribunal del Haya.

Prensa SKIEL

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